folheando-os com curiosidade. Os temas de que tratavam eram os mais diversos, todos vinculados à temática indígena: educação bilíngue, ecoturismo, etnobotânica, etnomedicina, uso de plantas medicinais, parteiras indígenas, guia etnográfico da região amazônica, canções indígenas e livros de etnomusicologia, mitos, contos e narrativas, bem como dicionários e gramáticas de diversas línguas editados pela Abi Ayala, além de "El libro de los gatos" da Editora Bajo la Luna com poemas sobre felinos, que adquiri por causa do meu gato León.

LOS PERROS QUE OLFATEAN LIBROS
José Ribamar Bessa Freire
18/09/2011 - Diário do Amazonas

Es un jueves por la noche, estoy en la sala de embarque del Aeropuerto de Quito, Ecuador, esperando el vuelo para Rio. Mientras leo en el diario argentino La Nación la noticia de la demisión del ministro de Turismo de Brasil, Pedro Novais, escucho por el servicio de alto-parlante un anuncio de la compañía aérea TACA:
- Atención, señor Rosé Messa, por favor, diríjase a la puerta de embarque 22.
Yo, ni ahí! Continúo la lectura. La noticia decía que el ministro Pedro Novais, 81 años, cuando era diputado, usó dinero público para pagar despensas de un motel de encuentros amorosos, salarios de una gobernanta y del chofer particular de su mujer, además de estar involucrado en desvío de verbas de Turismo. En fin, el tipo está metido hasta el cuello en corrupción brava. El alto-parlante continuaba insistiendo. Terminando la lectura, escucho por la cuarta vez:
- Señor Rosé Messa, urgente, diríjase a la puerta de embarque 22.
Fue en ese momento que me cayó la ficha! Comencé a sospechar que Rosé Messa podía ser José Bessa. Fui a comprobar. Si, era verdad.
La funcionaria de la TACA revisó mi pasaporte y los tickets de las dos maletas, convidándome gentilmente que la acompañara. Gentilmente? Me llevó hasta una puerta blindada, de uso privado; tuvo que usar su tarjeta magnética y digitar una seña para abrir la puerta. Entramos por un largo corredor, bajamos escaleras y dimos muchas vueltas hasta llegar al terminal de carga donde había un intenso movimiento, con personal especializado manejando equipamientos en medio de los equipajes. Yo ni imaginaba la existencia de esa especie de hangar.
De repente, me vi rodeado por varios policías, con perros entrenados, uno de ellos era un Golden Retriever, el otro parecía ser un Springer Spaniel, adiestrado para combatir el narcotráfico. Dicen que ese animal posee cinco millones de células olfativas y es capaz de detectar cualquier tipo de droga: marihuana, cocaína y sus derivados, material explosivo; dicen que puede sentir de lejos ministros corruptos indicados por el ex-presidente de la República José Sarney.
El perro paró cerca de una de mis maletas. El policía verificó mi pasaporte, chequeó el ticket y me preguntó si aquella maleta era mía. Respondí afirmativamente. Me preguntó qué es lo que contenía. “Libros” – respondí. Entonces, decidió verificar y me pidió que abriera el candado.
El celoso policía retiró uno por uno cada uno de los 53 libros, hojeándolos con curiosidad. Los temas que trataban eran los más diversos, todos vinculados a la temática indígena: educación bilingüe, ecoturismo, etnobotánica, etnomedicina, uso de plantas medicinales, parteras indígenas, guía etnográfico de la región amazónica, canciones indígenas y libros de etnomusicología, mitos, cuentos y narrativas, así como diccionarios y gramáticas de diversas lenguas editados por Abi Ayala, incluyendo "El libro de los gatos" de la Editora Bajo la Luna con poemas sobre felinos, que adquirí en honor a mi gato León.
La maleta, ahora vacía, fue sometida otra vez al olfato del Springer Spaniel que perdió el interés por ella, volteando la cabeza para el lado donde estaban los libros apilados. El policía volvió a colocarlos dentro de la maleta, uno por uno, hojeándolos como quien baraja cartas de un naipe. Después de revisar la segunda maleta, donde estaban las ropas, procedió a un interrogatorio. Con respeto, pero con cierta impaciencia, me bombardeó con preguntas.
Cuál era mi profesión, que es lo que había venido a hacer a Quito, si era la primera vez que visitaba el país, si pretendía retornar, por qué llevaba tantos libros? Respondí que era profesor universitario, le mostré la invitación de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador que me envió los pasajes para participar de un Congreso sobre las Lenguas en Peligro, aclaré que volvería si me invitasen otra vez.
En relación a los libros, el policía preguntó ingenuamente si los iba a leer todos. Le dije que probablemente no. Entonces, por qué los llevaba? Hice una comparación con el arma que él portaba: se usan solamente cuando se les necesita. Expliqué que aquellos libros me podían ayudar en mi trabajo, que habían sido permutados por ejemplares del libro que escribí y exhibí orgulloso un ejemplar de la segunda edición del “Rio Babel, la historia de las lenguas en la Amazonía”.
Le pregunté si hablaba quechua. No, apenas entendía, sus padres si lo hablaban. Aproveché para discurrir sobre la situación de las lenguas indígenas en el continente americano y cuando me di cuenta, ya estaba dando una clase de sociolingüística. El policía me liberó, rapidito, para no tener que asistir la clase.
Mas antes de retirarme, vi la insistencia del Springer Spaniel que continuaba desconfiado, olfateando mi maleta, justamente el lado donde había colocado un ejemplar del libro de mi autoría.
Me pregunto si el perro sintió el olor de León, mi gato, que tiene la costumbre de meterse en mis maletas las vísperas de mis viajes sólo para marcar territorio. O ese Springer Spaniel es un crítico literario y está pensando que mi libro es una droga? Ay,ay!
¿O acaso León se comportó como Tigre, personaje de dos libros de la escritora japonesa Sosukwe Natsukawa: «El gato que amaba los libros» y «El gato que salvó la biblioteca»? El gato se convierte en detective y ayuda a la niña Nanami a encontrar los libros perdidos de su biblioteca, reafirmando así el poder de la literatura. En el otro libro, el niño Rintaro Natsuki se une al gato atigrado, para rescatar libros maltratados y abandonados.